Robotica: Cybernation Revolt

Con el proyecto personal de escribir sobre Saturn desde sus primeros días en Japón, he pasado todo el año 2018 rodeado de sus títulos más antiguos. He disfrutado mucho con los juegos que dieron el pistoletazo de salida dentro de cada género, adaptándome lo mejor posible a las circunstancias de su época. Virtua Fighter estrenó la lucha 3D, Clockwork Knight hizo lo propio con las plataformas, y el cuestionado Gale Racer (pobrecito) llenó el vacío de las carreras como buenamente pudo. Hoy toca género nuevo, os voy a hablar de un exclusivo de esta plataforma que inauguró la acción en primera persona.

Cuando un jugador que ha mudado la piel de sus pulgares cien mil billones de veces reniega del mercado actual, buscando a los culpables de que los videojuegos ya no sean (según él) como antes, raro es que no saque a relucir los mismos tópicos que yo también llegué a promover. Antes de darme cuenta de que las cosas no estaban tan mal como le aseguraba a todos mis conocidos, uno de los grandes males que le achacábamos al mercado moderno era la epidemia de first person shooters. No dispongo de datos que lo corroboren, pero se adueñó de nosotros la sensación de que era el único género al que se le prestaba atención, que todas las campañas de publicidad se centraban en Call of Duty (o similares) y que el gran público jugaba exclusivamente a la guerra on-line. Muchos llegamos a demonizar a todo un género cuando otros enloquecieron por él, sin pensar cómo vivimos nosotros en los años 90 la aparición de Wolfenstein, Doom, Duke Nukem 3D, Quake o GoldenEye. Siempre habrá alguien a quien no le gusten, pero la inmersión de la vista en primera persona, la posibilidad de observar y recorrer el entorno como si formáramos parte de ese mundo, dotaban a estos títulos de un nivel de trascendencia superior: ¡jugábamos como si nos fuera la vida en ello!

Mi devoción absoluta me llevó a probar todo lo que se publicaba en consola, no me importaba la calidad: si recordaba un poquito a Doom debía jugarlo. Por lo tanto, me considero el menos indicado para criticar a qué juegan los demás hoy en día. Y llegamos a este Robotica: Cybernation Revolt para Saturn, el primer intento de llevar los first person shooters a esta consola.

Como consejo general que procuro practicar, si alguna vez descargáis una ROM o ISO con la intención de probar cualquier título que no poseáis, buscad también las artes que acompañaron al envoltorio original. Una buena portada y contraportada son parte de la experiencia de consumir videojuegos antiguos, hasta la sinopsis más incoherente es parte de la experiencia que sus creadores quisieron proponer. En este caso, además del esclarecedor subtítulo escogido para el mercado occidental, la ilustración que acompañó a Robotica hizo saltar mi imaginación sin recurrir a engaños. Me sigue resultando una de las más atractivas de todo el catálogo de Saturn, especialmente en su versión nipona. Hay algo distinto en las proporciones de dicha edición, presentando los elementos en un espacio más reducido, los ojos se nos van directamente al intenso título sin que perdamos de vista los detalles que lo rodean. Si eliminamos el logo de SEGA, es el cartel perfecto de una película ochentera.

El nombre que recibió en Japón está claramente inspirado por la mitología griega. ¿Recordáis a Daedalus? Quizá os suene por la invención de las alas con las que voló junto a su hijo Ícaro. Cuenta la leyenda que Daedalus (o Dédalo en castellano) fue el encargado de construir un laberinto para encerrar a la gran bestia, el Minotauro cuya concepción prefiero no detallar por ser una historia no apta para todos los públicos. Intercambiando la posición de las dos primeras vocales, Daedalus pasa a incluir la palabra muerte en su nombre (Deadalus), y se sigue pronunciando prácticamente igual. Todo cobra mucho más sentido al comprobar las dimensiones y diseño laberíntico (como en el mito griego) de la fortaleza espacial que vamos a sabotear, el vídeo inicial nos informa de nuestro papel: el equilibrio galáctico se ha mantenido desde hace siglos gracias al gobierno cibernético de la estación Dédalo, considerada como una deidad por diversos grupos, pero cuestionada cada vez más por otros. Las máquinas rigen un mundo donde ya nadie recuerda la última guerra entre humanos, ¿por qué permitir que sigan decidiendo por nosotros si ya han cumplido con su objetivo?

Al llegar a la estación nos quedamos completamente solos, el resto del grupo es abatido por los engendros cibernéticos que supuestamente han manejado el bienestar de nuestra especie durante casi mil años, y ahora no están dispuestos a que apaguemos el interruptor.

La fortaleza combina largos corredores conectados a estancias mucho más amplias, pero su diseño no es nada complicado y el mapa disponible en una esquina de la pantalla impide que nos perdamos. A diferencia de muchos clones inspirados en Doom, esta vez no vamos a encontrar ningún laberinto retorcido con las clásicas compuertas que impiden el paso. Es mucho más fácil, la tarea principal consiste en recuperar la llave de acceso al ascensor para alcanzar el siguiente piso, esa será la única compuerta cerrada en cada nivel y, salvo contadísimas excepciones, no habrá nada más que hacer. Coger la llave y salir corriendo, repitiendo la misma operación una y otra vez en niveles que son, literalmente, imposibles de distinguir unos de otros. Viendo los severos problemas de rendimiento, la velocidad que cae en picado en cada giro y la monotonía general derribando a unos enemigos muy torpes, quien presencie esta reseña en vídeo pensará que no hay quien aguante esto.

Vale, lo acepto. Robotica ya mostraba en su día estas deficiencias que ahora detectamos sin el menor esfuerzo, pero es también destacable el valor de ser el primer first person shooter que los usuarios de Saturn jugamos en nuestra consola, motivo suficiente para rescatarlo del olvido al ser una pieza más con la que explicar la historia y evolución del sistema. Además, hay que recalcar que la turbadora ambientación de Robotica se apoyaba en un apartado gráfico dañado por su grave inestabilidad y repetición, pero nunca por la falta de calidad, ahí no estaba el problema. Es la monotonía visual, sonora y jugable, más que cualquier otro defecto, lo que termina por convertir un título interesante en una interminable sucesión de pasillos y espacios genéricos. Esta sensación empeora al entender que detrás no hay un diseñador tratando de sorprender, sino un algoritmo que genera los 30 niveles de la partida de forma aleatoria. Claro, ahora todo tiene sentido, por eso unos niveles duran segundos (sin exagerar) y en otros das más vueltas que una peonza (bueno, aquí sí estoy exagerando un poco).

Esta locura, proeza o genialidad de la programación, es verdaderamente fascinante si somos la clase de jugador que ve más allá y trata de darle un sentido argumental a factores como éste. Más que un clon de Doom, Robotica es un clon de sí mismo capaz de autorreplicarse infinitas veces, como en las historias más oscuras de ciencia ficción: la fortaleza espacial Dédalo posee la tenebrosa habilidad de generar un nuevo laberinto en cada partida. Que yo sepa no existe ninguna relación entre el argumento y la existencia de niveles generados aleatoriamente, pero eso no quita que la idea encaje perfectamente y dé para diversas teorías no oficiales. No tan emocionante es disponer, ya no de 30, sino de infinitos niveles con el mismo aspecto, impidiendo que una característica tan especial haya sido recordada como única.

Al final, nos queda un título con algunos puntos más interesantes de lo que el colectivo recuerda, aunque carece de la variedad y emoción necesarios para recomendarlo a día de hoy. Sus errores son severos, pero no olvidemos que solo se trata del punto de partida de este género en Saturn, y que muchos niños como yo supimos disfrutarlo (más o menos) hasta la llegada de joyas como Exhumed.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.