Pebble Beach Golf Links

Siguiendo con esos títulos a los que nadie presta atención, hoy le voy a dedicar unas líneas a otro que de malo tiene poco, su única desventaja es la disciplina que representa. ¡Que levanten la mano los aficionados al golf! Sí, eso pensaba… La razón por la que escojo Pebble Beach Golf Links después de Digital Pinball, es porque los compré a la vez y también fue uno de los primeros lanzamientos de Saturn; principios de 1995 en Japón y verano-otoño (más o menos) de ese mismo año en Europa.

Me he quedado en blanco tratando de recuperar grandes momentos golfísticos de entre mis recuerdos, no los hay. Como deporte practicable quedaba fuera de mi alcance, todo lo que sé me lo enseñó el puñado de cartuchos alquilados que pasaron por casa y tipos como Arnold Palmer, aunque básicamente posó para la portada del videojuego de Mega Drive y poco más. Las celebridades no solían involucrarse, se lucraban por ceder su imagen y darle caché al producto que promocionaban, cualquier artículo con el nombre de una estrella sería más fácil de vender. De hecho, el mismo juego que en Europa conocimos como Arnold Palmer Tournament Golf, en Japón lo protagonizaba el golfista Naomichi Ozaki.

Siempre me ha parecido curioso cómo un deporte inaccesible para mí, que bien podría patrocinar las siestas de los españoles junto a los viejos documentales de La 2 o el mismísimo Tour de Francia, me entretenía tanto en su versión ficticia cuando yo estaba al mando. Pero ojo, bien analizado, es un deporte increíble, una especie de billar o petanca avanzados: introducir una bolita en un agujero diminuto situado en el quinto pino, empezando con un porrazo épico seguido de golpes cada vez más técnicos. Habilidad, ingenio, precisión, meditar el golpe, escoger el palo adecuado, calcular cómo afectará el viento a la trayectoria, visualizar la inclinación y el tipo de terreno… Maravilloso, lo tiene todo excepto ritmo.

Y aquí entran los videojuegos, ofreciéndome todo lo que me parece divertido del golf sin todo lo que no me gusta del golf. Y con estos gustos tan particulares, el día que encontré a buen precio el primer juego de golf para Saturn, supe que seríamos grandes compañeros. Así, por lo que costaba una novedad, me llevé Digital Pinball y Pebble Beach Golf Links.

La introducción muestra diversas imágenes del paraíso californiano donde se desarrolla la partida, el majestuoso campo de golf de Pebble Beach es una ubicación real y está considerado uno de los más hermosos del mundo. También nos presenta al fornido mozo de la imagen, se trata del golfista profesional Craig Stadler, a quien supongo ya retirado. Este señor, nos acompaña durante la partida comentando los mejores y peores golpes, y a la vez, es uno de los rivales controlados por la CPU. El pixelado pero bonito vídeo inicial solo es el primero de muchos más, el juego aprovecha la capacidad de la consola para colarte una secuencia o comentario hablado a la mínima oportunidad.

Dicho entusiasmo por el Full Motion Video no es ni mucho menos un modo de ocultar carencias, más bien una herencia clara del boom multimedia noventero, incluso los golfistas son digitalizaciones incrustadas en primer plano. Esto produce un contraste que hoy cuesta más de encajar, pero en 1995 era perfectamente digerible lo de recortar a un tipo real y pegarlo sobre un escenario pixelado, aunque técnicamente, el tipo en cuestión también lo está (pixelado), y mucho, pero la animación es fluida, muy superior a lo que en ese momento se hubiera obtenido con modelos 3D de poca monta. Lo que sí es 3D, aunque no lo parezca, es el escenario. Y no lo parece porque el motor y la cámara se comportan un poco raritos, ahora lo explico.

Por defecto, la cámara no sigue la trayectoria de la pelota, dando la sensación de que el escenario está formado por pantallas estáticas que se dibujan según el punto donde te encuentres. Otro detalle que lleva a pensar en este rudimentario y viejo diseño, es el seguimiento de la cámara respecto a la posición del golfista: si te mueves hacia un lado para cambiar la dirección del golpe, la cámara da un salto desde tu posición anterior a la actual, faltan valores intermedios que den fluidez. Sin embargo, al acceder al menú de opciones aparecen ajustes importantes que cambian el aspecto y la experiencia, empezando por el seguimiento realista de la pelota con una visualización en 3D del campo. Pero ocurre algo muy curioso… cuando aparece la vista en 3D, todo el granulado que le da detalle al césped desaparece, y regresa cuando la pelota se detiene. No sé cómo está programado, no he indagado en el uso de los VDP, pero no parece que estén muy bien compenetrados, como si hubiera dos motores trabajando por separado.

Más importante que ver o no ver el escenario en tres dimensiones, es la posibilidad de desactivar el vídeo guía que se reproduce automáticamente antes de cada hoyo (está bien una vez, pero no en cada partida). Y fundamental, más que todo lo demás, es eliminar al caddy. Sí, es un detalle genial, te dan la posibilidad de elegir a cuatro ayudantes distintos, pero el espacio que ocupan en pantalla hace desaparecer el mapa, y eso sí es una ayuda que influye durante la partida, saber dónde está cada arboleda y banco de arena.

Lo que hizo a Pebble Beach Golf Links merecedor de tantas horas de mi tiempo, fue ser un juego de golf realmente competente, pero tiene (o tenía, mejor dicho) que gustarte el golf, gustarte de verdad. Dependiendo de la distancia a la que estuvieras del hoyo, debías elegir el hierro adecuado, dirección, efecto y potencia, lo habitual en el género, y después cruzar los dedos para que el viento no torciese demasiado tu tiro. Si no ves divertido meditar tu último golpe a pocos metros del hoyo, anticipando una parábola mágica con la mente, entonces olvídate por completo de este juego. Hablar de precisión es quedarse corto, es el momento más delicado de todo simulador, pero en éste la dificultad se disparaba; aunque estuvieran ahí, costaba mucho leer las pistas para averiguar la fuerza adecuada e intuir cómo el desnivel del terreno modificaría la trayectoria.

Fenomenal hasta llegar al green, un infierno a partir de ahí. El secreto estaba en practicar, practicar y practicar. No creo que nadie le vaya a dedicar tiempo a un juego de golf de 1995, pero la recompensa era altamente satisfactoria. A costa de zamparse un buen pellizco de memoria (si mal no recuerdo, lo comprobaré antes de grabar esta reseña en vídeo), el juego guardaba mucho más que un historial de tus mejores actuaciones. Tu perfil no sólo engordaba con tus logros, también se almacenaban tus mejores golpes con acceso a su repetición en cualquier momento. Si al principio estaba en blanco, ahora empiezan a brotar los recuerdos, mis momentos memorables con este deporte no me los dio ningún golfista famoso, los creé yo mismo jugando a Pebble Beach Golf Links.

Su mejor característica no eran sus vídeos o gráficos de nueva generación, sino hacer algo absolutamente increíble y guardarlo para enseñárselo a todos. El mundo ha cambiado mucho, nadie que no pertenezca a aquella época puede entender la emoción de dar un golpe irrepetible y compartirlo con tus amigos… Esto era muy grande, me hacía sentir orgulloso de tener una Saturn, y era el tipo de avance o ventaja tecnológica que no se veía a simple vista, pero estaba ahí para enriquecer la experiencia. No era un videojuego espectacular, ni difería demasiado respecto a otros juegos de golf que había probado anteriormente, en ocasiones no lucía mucho mejor que un juego de 16 Bits con una paleta de colores mayor (de hecho, hay versiones muy majas para Mega Drive y Super Nintendo), pero gracias a ese archivo de repeticiones, me empeñaba en jugar lo mejor posible, vibraba con el golf y me aprendía todos los términos del completo glosario incluido.

Disponer de un solo campo de golf nunca se me hizo aburrido, una partida completa (18 hoyos) duraba lo suficiente, a veces más de lo esperado, especialmente si jugabas con amigos que prestasen poca atención a lo que hacían; sin concentración era imposible cerrar un hoyo. La CPU, por su parte, no era abusiva, los rivales cometían pifias y grandes golpes a partes iguales, nunca me sentí en desventaja.

¿Es el mejor juego de golf para Saturn? Pues eso lo veremos más adelante, porque hay varios simuladores disponibles de esta disciplina, algunos son también de la misma desarrolladora que éste, la muy desconocida T&E Soft que tal vez suene a los valientes que se adentraron en Virtual Hydlide, un RPG  ambicioso en concepto pero muy mal ejecutado, con severos problemas de rendimiento y un motor que recuerda mucho a Pebble Beach Golf Links, ¿compartirán parte de sus respectivos códigos? Quién sabe.

He revisado la prensa española y no he sido capaz de localizar el análisis de Hobby Consolas, solamente he dado con el de la revista Super Juegos. En el número 41 de septiembre de 1995, Javier Iturrioz lo puntuó con un respetable 84 (tengamos en cuenta que el golf no levanta pasiones) y destacó aspectos como los vídeos de presentación, su sencillo control, la variedad de modos de juego y el buen trabajo en la digitalización de golfistas y cadetes. No obstante, dejaba muy claro que no aprovechaba la capacidad de Saturn. Totalmente de acuerdo con él punto por punto.

Nota: este artículo puede sufrir modificaciones y correcciones antes de ser publicado en formato vídeo.

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