No soporto a MRW

MRW siempre me falla, pierdo horas de trabajo y acabo haciendo yo el suyo. Todavía recuerdo aquella vez que recibimos un tocho que no quise leer, folios y más folios con disculpas desde la central por lo sucedido, ¡y un bolígrafo de regalo! Acabó todo en la basura. La tal Cristina (creo que se llamaba así, no recuerdo su cargo dentro de MRW) me dijo que hubiera preferido tomar un café conmigo para contarme lo sucedido en persona. Aquello resultó inapropiado y patético en mi mentalidad de tipo serio, no le valía con hacerme perder el tiempo una, si no dos veces.

Años después todo continúa igual: intento de entrega fantasma que nunca ocurrió, después de perder la mañana esperando en casa, ni he desayunado para no alejarme porque la cocina queda un poco aislada (es ridículo, de tarado mental). Después de hablar por teléfono, se niegan a hacer un segundo intento por la tarde, ni por las buenas ni por las malas, que no y que no. Me toca a mí ir a buscar el paquete si lo quiero hoy, y hasta las 4 nada de nada porque el repartidor lo lleva en la furgoneta. Y si lo deja en la oficina (porque a saber si carga con él todo el día), no será cerca de casa, no, en la otra punta de Barcelona. Venga, a perder más tiempo y dinero desplazándome.

Señores repartidores, si no saben distinguir entre BIS, BAJOS y PRIMER PISO, si para colmo NINGUNA DE ESAS VIVIENDAS COMPARTE SIQUIERA PORTAL, si aún así las confunden sistemáticamente a pesar de estar separadas, les deseo lo mejor pero no como repartidores. Nadie debería ofenderse al leer esto porque yo mismo tengo familiares que están en el negocio, pero hacen las cosas bien, claro.

Editado 23 / 01 / 2019: Estaban ayer tan ocupadísimos que no me aseguraban que ni siquiera al día siguiente (hoy) pudieran entregármelo, tal vez por la tarde, pero ninguna certeza absoluta. Pues esta mañana salgo a pie hacia la oficina de MRW (no puedo usar transporte público en esta época, la calefacción desencadena una reacción brutal en mi cuerpo, tengo alergia a ciertos cambios de temperatura, no es una broma), y mira por dónde me encuentro al repartidor en la esquina de mi calle, a quien espero para explicarle que su error me ha costado día y medio de trabajo, y resulta que el jovenzuelo, como alma en pena, pasa a mi lado sin levantar la mirada. Ésa es la actitud, correr a la furgoneta porque hace demasiado frío para vivir. En la oficina no he sido capaz de reclamar, me he encontrado a un grupo muy amable, ellas no son responsables de lo ocurrido. Pero con el repartidor queda una charla pendiente, tiene que espabilar.

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